En Isla Margarita, estábamos en un lugar cercano a la playa Parguito. Allá íbamos a diario, pleno Caribe, olas, mate y guitarra. Haciamos artesanías para vender en la playa, hicimos rosquillas un par de veces que se vendían bien, y cuando quedaban pocas no vendíamos mas para acompañar los matecitos. Salian buenas y vendimos bien. Aun asi, las artesanías, a pesar de la sobreoferta de hippies, eran el principal sustento del grupo.
Viviamos en una habitación alquilada, dentro de una casa grande, tipo pension. Realmente parecía la casa de los Locos Adams, todos gritaban todo el tiempo, los nenes, los viejos, etc.
Una señora ya mayor se paseaba unicamente cubierta con una toalla, como a punto de ir a bañarse, o recien salida del baño. No notabamos la diferencia.
Los mas pequeños jugaban un juego muy particular, uno gritaba de un lado, y el otro, de lejos le respondia.
Nene 1: "Marcoooo!"
Nene 2: "Poloooooo!"
Nene 1: "Fumaaaaaa!"
Nene 2: "Piedraaaaa!"
Nene 1: "Rompeeee!"
Nene 2: "Culoooooo!"
En una habitación del fondo, un letrero rezaba: "se hacen trabajos", y por dentro, parecía ser una santería.
Nosotros cantábamos y tocábamos la guitarra, pero en un momento nos lo prohibieron:
Un señor: "no se puede escuchar música donde hay un muerto"
Cappe: "Uh, perdón, no sabíamos que se había muerto alguien, disculpa"
Señor: "¿Acaso no vieron la foto y las velas?"
El señor se refería a una foto de una señora, abuela, que estaba siempre en la casa, y siempre tenia las velas prendidas. Eso nos dio el parámetro. Nunca se puede cantar ni tocar la guitarra en esa casa. De por vida, o por lo menos mientras esté ese portarretrato. Tampoco se puede escuchar música.
En una mesita, había un vaso boca abajo con agua y algo adentro flotando, encima de un plato. "es para ahuyentar los malos espiritus", nos dijeron.
En un momento, gracias a un malentendido entre Douri y el dueño de casa, nos echaron de ahí. El tipo se puso necio cuando llego Nacho, que elevó a 5 el número de inquilinos, y decía no recordar que el trato había sido por 5, pero que uno no había llegado todavía.
Fueron varias discusiones de a diario, hasta que por fin nos fuimos por no aguantarlo. Por suerte, la venganza nos salió sin querer, cuando Noe, en un numero futbolístico extraordinario, la amaso con la derecha, hizo un amago, y la piso. Pero no era una pelota, era una botella de aceite. El resultado: toda la pared, el piso, y diversos objetos de nuestros equipos, bañados en oleo de soja del mas barato. Esperamos que por lo menos, limpiar o pintar, les cueste lo que no nos devolvieron y ya habíamos pagado.
Después de eso decidimos ir a acampar a la playa. Había un lugarcito tranquilo, y nos quedamos por 2 noches. Todo salió chévere, y al tercer día nos fuimos, rumbo al terminal del ferri, para tomar un barco a algún lado fuera de la isla.
Pensábamos volver a Puerto La Cruz, pero cuando llegamos, el viaje ya había salido, y el próximo se iba a demorar. Entonces, nos cambiamos de terminal, después de conseguir por medio de trueque (un método habitual de comercialización durante los días de artesano) algo para comer, y nos fuimos a Cumaná, una ciudad un poco mas oriental que Pto La Cruz. Llegamos de noche, y dormimos ahí mismito, y temprano a la mañana salimos caminando para tomar un colectivo a Mochima.
"La plaza esta a 12 cuadras", nos dijo uno. Entonces, caminamos sin dudarlo. Los equipos de Douri son pesados porque tienen pinturas para los carteles fileteados de que hace él. Cuando hubimos caminado esa distancia, y bastante mas también, decidimos preguntar de nuevo. "son cuatro cuadras". Caminamos y, cuatro cuadras después, preguntamos de nuevo: "son cuatro cuadras". Bueno, a ver... seguimos. Cuando cumplimos, preguntamos de nuevo: "cuatro cuadras mas o menos". Por suerte, esas últimas 4 cuadras eran las definitivas y en una plaza nos tomamos el cole.
Mochima es un pueblito costero, en una parte que es como un archipiélago, con algunas islas y penínsulas. Ahí nos tomamos una lanchita hasta Playa Blanca. Ese lugar si que es un paraíso. Llegamos un lunes, había poca gente, que se fue al atardecer. La playa era nuestra, había mucho sol, arena blanca, sillas y mesas de restaurantes vacios, reposeras y sombra. Algunos árboles. Acampamos pensando que, tal vez, a la mañana siguiente llegue la gente de los negocios, hicimos un fuego, armamos las carpas, estuvimos boludeando en el agua y caminando, pero no fue asi. A la mañana siguiente, la misma soledad, fantástica, por cierto. "lo mas seguro es que lleguen el fin de semana", pensamos, asique, el tercer dia, cuando empezó a llover, y además de nosotros había llegado un grupo vasco, decidimos hacer la prueba, y cuando prendimos los mecheros y la llama podía cocinar un bufalo en 15 minutos, la alegría nos excitó y cocinamos lo mas preciado: Papafritas y tortafritas. Obviamente seguimos usándolo hasta el jueves, que después de usarlo por ultima vez, limpiamos todo y ordenamos como si ahí nadie hubiese tocado nada. A la playa esta, a pesar de que no era una isla, no se podía acceder por tierra. Bueno, en realidad, no había camino. Tampoco había agua ni un sistema de recolección de basura. Asique había que hacer viajes en lancha, mangueandole a los que iban y venían, o a pescadores, que nos arrimen a mochima a comprar los víveres y a buscar agua. Cuando nos fuimos, nos llevamos una bolsa grande con nuestros residuos, y algunos mas, porque, obviamente, había para llenar varios camiones.
En esos días pasamos el cumpleaños de Noe, y lo festejamos a lo grande, con un montón de cervezas encontradas, no tan fresquitas, pero cervezas al fin, que alguien se había olvidado. Hicimos una comida, y de torta, un pedazo de chocolate.
De ahí también nos fuimos, proyectamos ir a conocer la península de paria, asique, volvimos a Cumana, de ahí a Carúpano en un SITSSA (sistema integral de transporte superficial S.A.) que son los colectivos baratos de Chávez, a mitad de precio que el resto de las empresas. Eso si, hay que ir y esperar, los boletos se venden únicamente en el dia.
Desde Carupano nos fuimos a dedo hasta Rio Caribe, y de ahí, mientras esperábamos que alguien nos lleve en dirección a las playas Medina y PuyPuy, paro una camioneta de una de las socias de la fabrica de chocolates Paria. Nos dimos un festin de chocolate, hicimos un paseo por la hacienda, y luego volvimos a la ruta. Despues de pasar una noche en un cruce, en la casa de una señora llamada Luisa, que nos dejo armar la carpa en el patio, llegamos al otro dia, por la tarde, a Pui Pui. Nacho se fue antes que los chicos, porque dos chicas que iban en una vitara tenían espacio para uno y algunas mochilas. La conductora, Greta, resultó ser la directora de un colectivo que funciona en una hacienda, donde cultivan cacao, se hace yoga, y se brinda un servicio de masajes con cacaoterapia. Nacho le comento acerca de su profesión y la de Cappe, y quedo una posibilidad de trabajar con ellos, diseñando algunos aparatos. Pero no por el momento. La chica que la acompañaba era Barbara, una suiza que estaba de visita, y sin insistirle mucho, acepto quedarse una noche con nosotros. Acampamos en PuyPuy como 4 dias. Ahí las ventas no eran buenas, o mejor dicho, no eran. Entonces, boludeabamos. Hicimos pan, tortafritas, pescado, y hasta torta dos veces. Renovamos el stock de collares y pulseras, tocábamos y cantábamos con los muchachitos del pueblo, que eran muchos, y como nosotros estábamos en un lugar que ellos usaban para jugar, correteaban entre las carpas, nos avivaban el fuego, aprendían artesanías, y nos contábamos cosas.
De ahí también nos tuvimos que ir, esta vez, pensábamos ir en dirección sur. Otra vez todos a la ruta. Cinco personas con mochila haciendo dedo. Con paciencia, y después de preguntar muchas veces por una ruta muy poco transitada, pero que parecía mucho mas corta que otra, llegamos al otro dia a La Cueva del guácharo. El guácharo es un pájaro nocturno que come frutas de los arboles cercanos y que vive en cuevas, en la oscuridad. Tiene una visión muy débil y un sistema de radar sonoro como los murciélagos. Son muchos y habitan en Venezuela, Brasil y Colombia. La visita guiada nos saco de los mitos: No vuelan tanto como para llegar a Brasil, los de alla son otros; no son ciegos; y la cueva esa, tampoco comunica con Brasil. De hecho, cuando se camina dentro de la cueva, se lo hace en dirección Sur/Norte, asique, seria imposible llegar a Brasil.
Hicimos el recorrido Cappe, Douri y Nacho. Las chicas, no se animaron por la presencia de ratas y lo cerrado y oscuro de la cueva.
No se podía hacer fuego en el camping que nos alquilaban, entonces, cocinábamos con el calentador. Una noche habíamos cocinado unos fideos y esperábamos a Noe y Douri que habían ido al pueblo mas cercano, Caripe (no Carepi), a buscar algunas cosas y conectarse a internet. Volvieron con una bolsa llena de cosas que les habían regalado: Cebolla, Morrones y varias fetas de carne como para churrasco. La comida estaba decidida: bifes a la criolla. Y como hacia unas horas nos habíamos enterado la decisión de Cappe y Didi de volverse, nos servia para organizar una despedida como corresponde. Entonces, nos metimos en un lugarcito escondido, donde alguien ya había hecho fuego, y cocinamos. Salió fantástico, y comimos mucho. Didi, Cappe y Nacho volvieron al campamento temprano, y se asustaron cuando el guardaparque se nos acercaba llamándonos, que tenia que hablar con nosotros. Cappe y Nacho se acercaron, preparados para la cagada a pedo por prender fuego, pero no fue asi. Lejos de eso, el tipo nos quería dar una bolsa con 5 paquetes de galletitas y 5 latitas de malta (una bebida gaseosa negra hecha de cebada malteada, sin alcohol, muy dulce) que nos había dejado el camionero, Pedro, que nos había llevado hasta ahí el dia anterior.
Nacho volvió donde estaban Noe y Douri, para darles la noticia, pero no sin antes hacerles creer que el tipo nos había visto, porque nos habían denunciado por hacer fuego y que nos iban a multar. Despues del susto, les dijo la verdad, tomamos las maltas y nos fuimos a dormir.
Al dia siguiente estaba decidido que el grupo se disolvía. Cappe y Didi, emprenderían el regreso a casa via Brasil/Bolivia y Noe, Douri y Nacho, seguían hasta Cariaco.
Llegamos para los carnavales, alquilamos una habitación en un hotel y decidimos que nos quedábamos un par de días para aprovechar el tumulto de gente y seguir viaje. Las ventas fueron justas, y recién cerca de las 6 de la tarde teníamos el dinero necesario para pagar la próxima noche, en algo mas parecido a un telho que a un hotel, pero comodo y confortable.
Despues de esa noche, Nacho salió temprano via Rio Caribe (hacia el oriente), para encontrarse por fin con Greta, la muchacha de la hacienda de Cacao, llamada Pariashakti, y Noe y Douri salieron hacia Cumana (hacia occidente).
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